[23may] Inauguración de «Presente en claro» de Abel Quezada en La Caja Negra.

Cuando huye la imagen

En alguna anterior etapa, los cuadros de Abel Quezada Rueda en-cuadraban a otras imágenes, digamos cuadros, unos cuadros-borde en definitiva; un parergon que no era sólo ese ornamento añadido, según su significado más inmediato, sino una cerca o borde, que encierra o delimita lo que contiene: encuentros cotidianos entre objetos familiares (¿heimlich?), digamos domésticos, y simulacros de reconocidas obras, (Degas, De Chirico, Cézanne, Mondrian, Malevich….), que ahora son obradas por un diálogo im-posible en la apertura paradójica de un recinto que extiende su sentido de auto-protección hacia el juego invisible de un interior que es exterior, de un límite que limita, de-limitando lo que no deja de ser un horizonte de infinitud de sentido. Si ver es un tener a distancia ,aquí la distancia se duplica, y quizás por ello Abel Quezada Rueda se fotografió mirando aquellos cuadros: para indicarnos la distancia.

Sin embargo la imagen no ha tenido una inclusión cómoda en el arte contemporáneo. La pintura moderna se ha debatido entre la línea y el color, en cuanto que la línea, como contorno supuesto de la figuración de las cosas, llegó a significar una forma prosaica de la representación, en detrimento del color, que quedaría reducido a simple atributo de la figura. Quizás un juicio apresurado, ya que, por un lado, para Klee, (y desde siempre para la auténtica pintura), la línea se «hace visible», ya no se adecua a lo visible, deambula por el espacio, y de esa manera se libera de lo que sería una representación elemental. Por otro, el color cobra su auténtica dimensión, la que le concede una condición material, la naturaleza de un ser- color.

En la obra actual de Abel Quezada Rueda, la imagen ha huido, ¿definitivamente?, y quedan los bordes, otra manera del ser-línea, y el color, ya no encuadrado, sino que él mismo en- cuadra. Un código impasible que desglosa la materialidad de cada elemento, incluso cuando los elementos de la composición niegan la abstracción del plano pictórico. Como si la profundidad buscada por Cézanne hubiera deflagrado al aproximarse a la diferenciación clásica, (tan inconsistente hoy), de la escultura; incluso cuando la composición se des- construye para abrazar a la esquina del espacio que la acoge.

¿Un código molar? Recordemos que Deleuze distinguía entre lo que moldea, (lo molar), que tiende a un código que estratifica, y lo molecular, que abre el código hacia los flujos. Veamos ahora, con una distancia atenta la función que desempeñan esos elementos-línea de color negro que bordean, o interrumpen, la estabilidad de la com-posición, en ellos se expresa lo inquietante de un código des-estabilizado que no renuncia a la resonancia de la vida.

Abril de 2019.
Juan Miguel Hernández León

 

Abel Quezada Rueda (Ciudad de México, 1952). Estudió diseño editorial en el London College of Printing, en Londres. Director artístico de la Revista Vuelta, dirigida por Octavio Paz, en el primer año de su circulación. Colaboró como diseñador en distintas empresas editoriales hasta 1981. A partir de entonces se dedica a la pintura. Expone regularmente en la Galería de Arte Mexicano y ha participado en múltiples exposiciones individuales y colectivas en Estados Unidos, Canadá y Europa. Es socio y miembro del Consejo de Administración de la Revista Artes de México desde 1993. En 2002 y 2003 se desempeño como Consejero para Asuntos Culturales y Educativos en la Embajada de México en Ottawa, Canadá. Actualmente reside en Madrid.

 

 

Presente en claro

El título de la presente exposición es una alusión al poema de Octavio Paz, Pasado en claro de 1974. En este poema autobiográfico, Paz explora temas como el transcurrir del tiempo, la fuerza creadora de la palabra, la poesía, la memoria y el vinculo con la naturaleza. Es una meditación sobre el tiempo y la memoria.

…por el camino de ecos que la memoria inventa y borra: sin caminar caminan
sobre este ahora, puente tendido entre una letra y otra.

Siempre ha sido difícil para mi explicar mi trabajo. Siento que no soy yo el indicado para describirlo o explicarlo. Mi trabajo es intuitivo y orgánico basado en la observación de mi entorno, en mis intereses muchos de ellos fundados sin duda en la pintura de otros.

A mi llegada a España me ha sorprendido encontrar similitudes con artistas españoles de los que no conocía su trabajo en algunos y poco en otros, como Gerardo Rueda, Esteban Vicente, Jordi Teixidor ( entre otros ), autores con los que he encontrado afinidades y coincidencias. También he tenido la suerte de conocer artistas personalmente a quién admiro su trabajo como Nico Munuera, Álvaro Negro, Carlos Pascual y Curro Ulzurrun.

Esto aunado a la magnifica oportunidad de poder disfrutar de la vasta oferta cultural española y la posibilidad de explorar en persona la obra de Velázquez, Goya, Van der Wyden y demás joyas en los museos de Madrid.

Toda esta experiencia ha sin duda influenciado mi producción actual de una manera u otra.

He tratado de encontrar en mis lecturas, referencias en las que pueda identificar la intensión de mi trabajo y me resalta esta descripción de Meyer Schapiro en su ensayo “ Las manzanas de Cézanne” de 1968. Schapiro en su relato al describir la obra de Cézanne podría estar describiendo la obra de Morandi, otro de mis ídolos. Cito en traducción libre:

“En su pintura de manzanas, Cézanne fue capaz de expresar a través de sus variaciones de color y agrupaciones, una gran variedad de emociones que van de lo contemplativo a lo sensual y lo extático. En esta cuidadosamente ordenada sociedad de objetos, el pintor puede proyectar relaciones humanas como la soledad, la concordia, el conflicto, la serenidad, la abundancia y el lujo, hasta estados de euforia y placer”.

Me doy cuenta que elaboro mi trabajo de la misma forma como cocino en casa: sin receta. Improviso con los elementos que tengo a la mano y voy aumentando o sustrayendo elementos para llegar a un balance y armonía como a lo que se refiere Schapiro.

Los ingredientes (o elementos) son los que consigo en el mercado o en su caso en las tiendas de arte o tiendas de material que son para mí la base de las obras que poco a poco voy “cocinando” condimentando con color, espacio, proporción, balance y armonía.

Al final es solo el observador quién decide que significa.
Mi intensión es solo provocar en el espectador un momento de paz.

No quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer la generosa amistad de Aurora Gámez y Curro Ulzurrun, sin la cuál esta muestra no hubiera sido posible.

AQR

 

Galería La Caja Negra

Del 23 de mayo al 27 de julio de 2019.

www.lacajanegra.com / info@lacajanegra.com

C/ Fernando VI, 17-2 Izq. 28004, Madrid.